Esta vez, será la cuarta que me invita a leer mi poesía, esta vez, también, mi querida amiga Tanya Cosío, en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, ahora en su edición XXXIII, por esto y por muchos recuerdos personales éste es, con seguridad, uno de los eventos literarios y del mundo editorial que considero con más cariño, ahí he presentado mis poemas y mis libros, de un género literario que siempre he cultivado como un juego íntimo y muy personal.
Tanya Cosío, Pablo Salmeron y Jaime Coello Manuell en la XXXI FILPM, por Ketzalli Torres.
Hace dos años, exactamente, presenté mi poemario CoraSón de sortilegio, de la extinta Editorial Andrógino; en esta ocasión además de este libro, llevaré de Tzompantli d’esta selva cotidiana, número 23 de la Colección Destos Deme Dos, de la Editorial Start Pro; y presentaré algún nuevo texto. Y para mayor contento, se repetirá la velada pasada, casi, pues con Pablo y Tanya compartí la sesión entonces, aunque no nada más.
El video que pongo más abajo es una lectura informal, en un viejo cuarto de azotea en donde solía vivir, sobre la calle de Balderas del lago pavimentado. Mi buen amigo Mauricio Ramírez Pacheco fue quien lo grabó en medio de una edificante borrachera.
Pd. El texto se puede leer en el Tzompantli d’esta selva cotidiana o en Conjuros
Café cereza, en las montañas veracruzanas. Foto de Jaime Coello Manuell
El café arribó a México a finales del siglo XVIII, al parecer, por distintas regiones; en algunas versiones se afirma que primero llegó a Córdoba, otras, que fue Michoacán su primera cuna. Como quiera que haya sido, al principio de su implantación, gozó de muy buena reputación hasta el período revolucionario, durante el cual la industria cafetalera mexicana se vio afectada del mismo modo que cualquier país con una guerra civil o revolución en curso: baja la calidad, hay menos atención al cafetal, la producción se hace intermitente, poco confiable, etc. Luego de que terminara el conflicto armado, hubo regiones cuyo aromático comenzó a despuntar, a forjarse una reputación que ha sobrevivido hasta el día de hoy. Tal es el caso de Coatepec, Veracruz; Pluma Hidalgo, Oaxaca; el Soconusco y Los Altos, en Chiapas; por mencionar sólo los casos más representativos.
En 1958 se crea el Instituto Mexicano del Café (INMECAFÉ), órgano federal que aglutinó las actividades del café mexicano. Durante su funcionamiento, que llegó a su fin en 1989 por problemas políticos que llevaron a su último director ejecutivo, Fausto Cantú Peña, esta institución fomentó la investigación agronómica del cafeto, incluso llegando a desarrollar una nueva variedad del cafeto, el Café Oro Azteca. Un aspecto negativo de este período es que el INMECAFÉ acaparaba la producción nacional y se erigía en único comercializador del aromático nacional, lo que llevó a la pérdida de calidad de las distintas regiones productoras; es el tiempo en que se le enviaba a los compradores extranjeros muestras con granos de calidad insuperable y los lotes comprados resultaban ser de una calidad de bastante pobre, es el tiempo en el cual se le estigmatiza al café mexicano y comienzan las penalizaciones en el precio. La Bolsa de Valores de Nueva York, es la Bolsa que marca el precio de los productos conocidos como commodities, materias primas, productos no industrializados que se comercian alrededor del mundo, de ellos, el café es el segundo en importancia, sólo debajo del petróleo. Así, las penalizaciones al café mexicano que aún en esta primera década del siglo XXI se mantienen vigentes en el mercado internacional, se deben a esta mala práctica comercial del lo que fue el INMECAFÉ.
Inmecafé en sepia
Hoy en día, el café mexicano presenta un panorama harto distinto del que se percibe desde el extranjero. Existen productores, pequeños y medianos cuya calidad es excepcional, cafés de una calidad que en nada palidece ante las “vacas sagradas” del café internacional. También es cierto que persiste un monopolio del café como commodity, puesto que una sóla empresa, Agroindustrias Unidas de México, AMSA, comercializa más del 50 por ciento de la producción cafetalera nacional, en sus diferentes calidades. Este boom mundial con respecto al café de especialidad o de muy alta calidad, definitivamente ha impulsado a productores y a la industria nacional, tal es el caso de la denominación de origen Café-Veracruz, de la Finca Irlanda, el aromático de Nayarit, los naturales de Guerrero y San Luis Potosí. Lo triste es que por mucho que se promueva al interior del país, aquí, en la República Mexicana no se pueden conseguir las mejores calidades: estrictamente altura, altura, incluso es difícil obtener un extra prima lavado real. Lo más curioso de todo es que el gobierno mexicano, los comercializadores, los torrefactores, todos los involucrados en la cadena productiva se siguen preguntando porqué la población mexicana aún tiene un consumo per cápita de poco menos de un kilogramos al año; y siempre hacen el contraste con los países nórdicos, Alemania o Japón… justamente aquellos lugares en donde sí se pueden conseguir la crema y nata del café mexicano. ¿No será evidente?
Nahui Olin, ya liberada de la enorme influencia del Doctor Átl se vuelve más libre, en su persona, en su arte y cambia su foco de interés narrativo: ahora ella es su tema central; a partir de la separación de Átl, ella voltea hacia su interior y se usa como metáfora del mundo y la existencia, no es casualidad que su nuevo nombre, el de guerra sea Nahui Olin, el nombre del quinto sol, aquel que terminará entre terremotos y hambre: 4-Movimiento.
En 1927 se gana la vida como maestra de dibujo y, financiándolo con su salario, imprime un pequeño panfleto, un grito, su manifiesto. Hoy, a 85 años de su publicación no ha perdido vigencia y al fin se ha reimpreso. A continuación el texto íntegro (hasta abajo de esta entrada hay una rolita que acompaña la lectura a las mil maravillas, pruébalo):
Mi nombre es como el de todas las cosas: sin principio ni fin, y sin embargo sin aislarme de la totalidad por mi evolución distinta en ese conjunto infinito, las palabras más cercanas a nombrarme son NAHUI-OLIN. Nombre cosmogónico, la fuerza, el poder de movimiento que irradian luz, vida y fuerza. En azteca, el poder que tiene el sol de mover el conjunto que abarca su sistema, pero, sin embargo hace siglos que existe mi substancia sin nombre alguno va evolucionando y hace siglos y ahora mismo que no tengo nombre y voy marchando sin descanso alguno en un tiempo sin fin y soy en una faz distinta el sin principio ni fin de todas las cosas.
Oh, los nombres que la humanidad pone en sus círculos sociales y gubernamentales. Son como numeraciones e identificaciones de comisarías miserables donde risiblemente parece que pretenden agarrar la vida y la muerte de una cosa que no tiene principio, que no tiene fin, y crean sellar, con sus actas de escritorio sucio, nombres de un calendario de santos absurdos en sus significaciones y apellidos, que vienen de alguien que tontamente se los puso en generaciones pasadas, pero en vano al nacer y al morir constan actas de un ser numerado que al perderse en la tierra no lo encontrarán ya, jamás distinto de una podredumbre igual que lo salvó de su estigma de numeración de una acta de escritorio sucio de la arbitrariedad humana. No existe nada definitivo, ni en la ciencia más alta ni en leyes de ninguna especie; pertenecemos a un sin principio ni fin que borra toda clasificación, toda identificación. Somos una partícula sin nombre que evolucionamos siempre sin fin.
Qué importa la sociedad y leyes gubernamentales establecidas por estafadores despreciables que a sabiendas de que son mentiras las hacen regir con vulgo al cual todavía le hacen pagar un nombre, un número en el archivo de sus imposiciones criminales: y los padres que inútilmente registran su algo de materia no lo encontrarán nunca ya, ni en una fosa de primera ni de última clase; por que ignoran que nada pertenece a nada y que todo es de todo y que no tiene nombre porque no le sirve a los humanos más que de humillante blasfemia llamarse con un nombre notificado con un número por leyes absurdas como estigma del yugo.
Autorretrato de Nahui Olin en los jardines de Versalles
Por eso yo no tengo nombre que me identifique porque soy el sin principio ni fin de todas las cosas, y mi nombre será la voz de mi fuerza mental y tiene un sonido que no se puede nombrar sólo gustar profundamente y lo más cercano en palabras a él es NAHUI OLIN, que es la significación de una rebeldía y superioridad porque no es un nombre registrable en una acta numerada, que no significa nada, nada, en la terrible y maravillosa totalidad que amo como a mí misma porque es infinita. Y que me importan los nombres que se les da a las cosas si yo puedo llamarlas más enérgicamente con decirles lo fáciles que son para mí, que hace siglos y siempre las conozco sin nombres, y sé que son iguales, que son distintas en un conjunto indestructible: nunca por eso me importa saber el nombre de los seres que se encontraron en mi vida, su procedencia no me importa nada; sí por lo que son ya ellos mismos me agradan o desagradan el pasado que los engendró es un incidente animal inconsciente que no tiene importancia con lo que son para mí. Hijos de reyes o de genios, lejos de heredar la inteligencia que es un fenómeno caprichoso de un movimiento cósmico. Hijos de princesas o esclavos de razas diversas qué me importan vuestros padres si ellos son un factor inconsciente de producción por medio de los cuales pasasteis a la vida, período de transición y tomasteis a otra faz de evolución y siempre antes de haber nacido erais cual sois, y yo os conozco sin nombre sólo como un sonido distinto que siento venir sin principio ni fin los que os engendraron son máquinas sin voluntad, para producir como ellas mismas desearan y con la marcha que traían sus identidades, se formaron ustedes tal cual era el movimiento que las encerraba en la totalidad, y sólo pasaban por ellos como la electricidad al través de un cuerpo buen conductor que produce tal o cual fenómeno; y para mí no tienen los humanos más nombres que los que son la fuerza cerebral y sólo existe entre ellos la distinción del vulgo por la superioridad de la inteligencia, esa es la categoría distintiva y no la de poderes y antepasados. Qué importa el nombre más excelso con títulos y abolengos si el que los lleve cree que el ser sólo existe en el nombre de actas arbitrarias que los padres pagan al nacer de un hijo y se quedan llamándose con un nombre que no significa nada, mientras el individuo no signifique por su inteligencia.
Autorretrato de Nahui Olin como colegiala en París
Es el colmo de la impotencia humana aislar las cosas y ponerles un número, un nombre cuando siempre has existido sin saber ellas mismas cómo se llaman, porque no hay número, no hay nombre que pueda contar, llamar el infinito, el cosmos, pero son los humanos siempre mediocres exploradores de ellos mismos que saben que los elementos, las fuerzas, las cosas, los seres y ellos mismos existían y existirán en la terrible totalidad sin nombre, sin número. ¿Acaso el mundo, la tierra dejaba de existir, los seres de vivir sin medidas, nombres o leyes? No, todo en el fondo es y será siempre lo que fue lo que es en evolución continua. Qué me importan las leyes, la sociedad, si dentro de mí hay un reino donde yo sola soy y por más que hicieran, nunca llegarían a imponer un tráfico en mi reino y sólo superficialmente y eventualmente, tendré que traficar entre los imbéciles gobiernos como quien compra un boleto de camión para transitar en mi período de transición. Todo siempre ha existido sin nombre conocido o desconocido, sin estar numerado en un archivo y nada puede interrumpir esa evolución.
Este libro fue corregido y editado por la autora y es derecho de propiedad en el año de 1927 México.
Pa’ acompañar la lectura, les dejo un video con la pieza para la escena, Le Piège De Méduse de Erik Satie que, en realidad, es un paseo por las distintas imágenes de Naui: sus autorretratos, fotos que le hicieron, las portadas de sus libros, retratos de otros artistas, un agazajo visual y pa’ las orejas. Esta pieza musical fue compuesta por Satie en 1913, año en que el General Mondragón comandaba la contrarrevolución mexicana conocida como La Decena Trágica. El músico francés llamaba a la pobreza, a la miseria, La dama de los ojos verdes… Los ojos verde intenso de Nahui son legendarios y no es disparatado que Erik y Carmen se conocieran durante la estancia de los Mondragón en Francia; la cosa es que la publicación de Le Piège De Méduse se publicó hasta 1921, año en que Nahui regresa a México y conoce al Doctor Átl… ¡Qué casualidad!
Cual pulpo, se defiende con su tinta, al ritmo de tres coraSónes afina el pico & el sifón pa' chorrear de contentura la vida; a sus letras, como a la tinta del pulpo, se les puede seguir el rastro por las tablas, los bytes, las sílabas... Las historias.