La gota dialoga con la Balada de un hombre que le sangra la nariz de Marco Fonz

1 nostalgia y dos poemas: Balada de un hombre que le sangra la nariz de Marco Fonz y La gota de Jaime Coello Manuell

Cartel de la lectura en memoria de Marco

Cartel de la lectura en honor de la poesía de Marco

Se cumplió un año de que Marco Fonz emprendiera su camino al sol por ese camino angosto del que palabreó en tantos poemas. Todo ese enero me dió vueltas el tema de la amistad y sus transformaciones en la era de Internet y en el auge pleno de las redes sociales… Alguien me profetizó antes del año 2000:

“La presencia física no es indispensable para la convivencia y menos para hacer amigos, ahí está Lovecraft.”

Marco Fonz de joven con chango

Marco Fonz hace muchos muchos años

Yo disfruté su compañía, fue alguien con quién crecí de más de un modo, con quien “pachequié” de asuntos sobre la “esencia de las cosas” y dejé de verlo un año antes de tender la cuerda..

Y aunque su obra es vasta y densa como para estudiarla durante tres vidas le extraño y no se me ocurre nada más que hacer que compartir su poesía, un texto que me envió por inbox de facebook el 28 de agosto del 2013, a unos días de que naciera mi segunda hija, una noche blanca y atascada de gripe sudamericana:

Balada de un hombre

que le sangra la nariz

 

Marco Fonz

(28/08/2013)

 Si Fiódor presenciara esto

pensaría: -Es un poseído escapado de mis noches blancas,

pedazo de niebla con una sola luz en protesta.

Si el espejo algo pudiese reflejar

sería una queja y no un hombre.

 

Pero todo escapa y se va por un cedazo cada vez más perfecto

pero todo llega y entra por una montaña cada vez más grande

pero todo es una gota tras otra gota

como un hombre construído por la lluvia.

 

Si el hombre en sí mismo subiera unos centímetros sus manos

y alcanzara por un momento a recorrer la totalidad de su cara

se daría cuenta del imperceptible cambio.

Se trata de destruir mundos

de inventar mundos

de ofrecer sacrificios mínimos

de subir escaleras casuales sin motivo alguno

para pegar los carteles evolutivos.

Si su madre presenciara esto pensaría:

-Es mi nonato otra vez que quiere llamar la atención,

colgando de su nariz a su cordón umbilical:

Soga de sueño, soga de

invierno, soga de hueca noche.

La cicatriz es clara y divide al hombre en norte y sur

la cicatriz es su pequeño ecuador y el hombre pisa ambos lados

la cicatriz es su gran amor y lo riega con

explosiones de colibrís.

 

Si el hombre se pusiera serio por única vez en la vida

y desnudo contemplara su miseria y sus dones,

si descifrara con su verbo cada enigma de su cuerpo

y saliera chorreando ánimas después de una ducha caliente,

si el vapor le permitiera abrir dentro de sí mismo

otros viajes, otras averiguaciones, otras realidades,

se daría cuenta de que él es producto de la nada

y así mismo embalsamar todo lo que requiere cuidado.

 

Si verosímil es que lo callado entre paredes muere

y es el grito lo que avanza,

el hombre cantaría su balada

y tiernamente / delicadamente, casi entre algodones o sedas,

el hombre vería su pañuelo y como prueba de su única vida

y de su otra existencia, vería flotar, casi danzar,

unas anémonas de sangre.

 

Marco Fonz hace muchos años

Marco Fonz de chavo con chango

Alguna vez le dije a mi amigo que tenía el presentimiento de que se le recordaría como precursor, con pesar por no haber sido aquilatado con justeza en su obra, y me dijo que se cagaría en los homenajes y demás que le hiciéramos después de muerto, que quienes quisieran leerlo lo hicieran y ya, como se hace en toda borrachera que se precie, por decirlo suave.

Te comparto mi texto supurado en ese sudor espeso, viscoso, que la nieve bien cortada acompaña de tambores frenéticos los pechos, luego de ir a parar a la mucosa nasal: La gota. En un tiempo, ambos sufrimos del mismo dolor, hoy en la trilce distancia, aúllo con su texto, el mío:

 

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Temilotzin, digno nadador de las grandes aguas

Temilotzin de Tlatelolco fue un tlacatécatl o comandante de hombres en el siglo XVI del altiplano mexicano, justo durante las campañas de Hernán Cortés para conquistar el imperio mexica. Varias cosas distinguen a este guerrero, la primera es su calidad de forjador de cantos o cuicapique, y una más es su amistad incondicional con Cuauhtémoc, el onceavo y último huey tlatoani  de México-Tenochtitlán; según se cuenta en los Anales de Tlatelolco y en Quince poetas del mundo náhuatl, estaba junto al monarca cuando lo capturaron:

Temilotl, ¿dónde quedaron tus huesos?

Temilotl, ¿dónde quedaron tus huesos?

“Enseguida, después, vinieron Coyoueuetzin, Topantemoctzin, Temilotzin y Cuauhtémoc. Fueron a dejar a Cuauhtémoc allá donde se encontraban el capitán, don Pedro Alvarado, doña Malintzin. Cuando fueron prendidos fue cuando empezaron a escaparse las gentes del pueblo, a buscar dónde morar. Mientras escapaban, algunas mujeres-amadas se fajaron las nalgas con harapos. Por todas partes los cristianos las esculcaban, las despojaban de sus faldas, las exploraban por todas partes, en sus orejas, en sus bocas, en su vientre, en sus cabellos.” Anales de Tlatelolco.

También estuvo presente cuando su amigo fue colgado de una ceiba y luego lo subieron a un barco para llevarlo a Castilla, Malinche creyó que podía asustarlo y se llevó una sorpresa, los anales citados así lo consignan:

“—Escuchad, ¡oh, Malintzin! —respondió Temilotzin—. Es tal como lo ha dicho Ecatzin. ¿Acaso los conté? Yo vapuleo al oponente en la batalla, y contra bastantes hombres he luchado yo. —Bien —dijo ella—. Pues ahora iremos a visitar al gran teotl tlatoani que está en Castilla. Allá seréis liquidados, allá moriréis. —Pues que así sea —respondieron—. Vayamos de una vez, Malintzin, señora mía. Pasada esta conversación, cuando ya habían navegado en el mar durante seis días, el marqués les habló así: “Tomad asiento ahora, grandes se- ñores.” Los señores tomaron asiento. Entonces, de repente, Temilotzin se puso de pie. Ecatzin pensó que quizás iba a orinar. —¡Oh, tlatoani, oh Ecatzin! —exclamó Temilotzin—. ¿Adónde nos están llevando? ¡Regresemos a nuestro hogar! —¿Qué es lo que haremos, Temilotzin? —preguntó Ecatzin—. ¿Adónde podremos ir, puesto que el barco ha navegado ya durante seis días? Temilotzin no quería escucharlo. La gente vio cuando se arrojó al agua y se fue cortando las olas como un pez, nadando hacia el poniente. —¿Adónde os dirigís, Temilotzin? ¡Volveos, regresad acá! —gritó Malintzin. Más él siguió su camino, hasta que por fin desapareció bajo las aguas. Nadie sabe si alcanzó la orilla, si una serpiente lo devoró, si un cocodrilo se lo engulló, o si los peces se lo comieron. ” Anales de Tlatelolco.

En los Anales se le encuentra así: Temillotzin Tlacatécatl Tezcacohácatl Popocatzin, que es su nombre cargado de grados y formas reverenciales, su nombre a secas fue Temilotl, la terminación -tzin en náhuatl es el equivalente al “don” o “señor” actual, significa “columna” o “puntal”. Es el tlatelolca Temilotzin un héroe necesario en el México de hoy, supo ser amigo como pocos en momentos en donde serlo significaba alejarse de la dicha y el gozo; fue hombre digno y cabal, dueño de su destino hasta el último momento; y fue, también famoso forjador de cantos y nos ha llegado al menos uno del que se puede afirmar su forja, canto contenido en un texto que, pese a la poca difusión que se le ha dado, bien se puede considerar como Clásico Nacional: Romances de los señores de la Nueva España, antología preparada por quién quizá sea el primer editor mexicano a cabalidad, Juan Bautista Pomar. al final acompaña esta entrada un video con una interpretación musicada del poema en náhuatl.

¡Que el espíritu de Temilotzin fecunde México!

Canto de Temilotzin

He venido, oh amigos nuestros:

con collares ciño,

con plumajes de tzinitzcan doy cimiento,

con plumas de guacamaya rodeo,

pinto con los colores del oro,

con trepidantes plumas de quetzal enlazo

al conjunto de los amigos.

Con cantos circundo a la comunidad.

La haré entrar al palacio,

allí todos nosotros estaremos,

hasta que nos hayamos ido a la región de los muertos.

Así nos habremos dado en préstamo los unos a los otros.

Ya he venido,

me pongo de pie,

forjaré cantos,

haré que los cantos broten,

para vosotros, amigos nuestros.

Soy enviado de Dios,

soy poseedor de las flores,

yo soy Temilotzin,

he venido a hacer amigos aquí.

 

http://youtu.be/lYQctJqMtZI

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El Controlador Verbrugge de la novela Max Havelaar, alguien que sólo hace su trabajo

En éste tercer post dedicado a la novela Max Havelaar, te cuento algunas ideas sobre un personaje, secundario en la narración pero principal en otros aspectos de la historia: Verbrugge, alguien que pese a ser “un buen hombre” es incapaz de mover un dedo por cuenta propia para que la justicia prevalezca, incluso ejecutará órdenes que le repugnan… Parece vigente, ¿cierto?

Pilatos sólo hace su chamba

Pilatos sólo hace su chamba

Verbrugge es el nombre que le da Multatuli a Abraham van Hemert (1825-1895), quien fuer el Controlador, real, en su historia, plasmada con singular genio en Max Havelaar o Las Subastas de Café de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. En el contexto de la novela y de aquella región de Asia, un Controlador es puesto operativo, encargado de ejecutar las instrucciones de su superior inmediato, en este caso Havelaar, y de los de mayor rango. En aquel contexto, la explotación, la exigencia por parte de una clase privilegiada de productos y trabajo obligatorio a la clase no favorecida era visto con naturalidad y resignada aceptación por la gente de entonces, al menos abiertamente. Y es necesario hacer esta aclaración porque hay un momento hacia el final de la novela en el cual alguien, clandestinamente, le dice a Havelaar del abuso que sufre. En este contexto las formas lo son todo, y este formalismo es el que frena el afán reivindicador de Havelaar y, en cambio, lo haga caer en la desgracia.

Max Havelaar es presentado, en todo momento, como un adalid de la justicia, ¿y Verbrugge, su operador, su controlador, su hombre fuerte? Verbrugge es un buen aliado de Havelaar, pone a su disposición todo su conocimiento y habilidades para cumplir con la voluntad de su jefe, hasta cierto punto. Un momento, si había una injusticia y Verbrugge estaba indignado o en desacuerdo con ella, ¿por qué no hizo nada? La respuesta está en la desgracia de Havelaar: cuando éste es expulsado del servicio y forzado a regresar a Holanda, Verbrugge se repliega de nuevo al sistema, acata. En cuanto puede se jubila, pero mientras sigue ejecutando las órdenes que le parecen indignas, que sabe que son injustas y crueles, pero acata. Jamás tendrá estatura alguna, tiene tanto miedo de perder el salario, su puesto en el sistema que asegura el dinero en la quincena, que está dispuesto a bucear en la mierda:

Prefiero que me manden a robar a que me roben, prefiero que me pidan asesinar a que me asesinen.”

¿Los Sonderkommandos són una especia de Verbrugge del siglo XX?

¿Los Sonderkommandos són una especia de Verbrugge del siglo XX?

Verbrugge, Abraham van Hemert, nunca se dio cuenta que él era la fuerza del sistema, que gracias a que todos los Verbrugge del mundo hacen su trabajo y prefieren ensuciarse las manos a quedar desempleados es que el sistema de producción puede ser viable, el capitalismo puede darse el lujo de comerse crudas a familias enteras sólo porque existe Verbrugge… alguien que sólo hace su trabajo. Y lo mejor, o lo peor, como se prefiera, es que parecen buenas personas y hasta simpáticos son; son las palabras que le dedica Havelaar, aquí en mi traducción:

“El Controlador Verbrugge era un buen hombre. Uno le veía allí, con su ropa azul, de bordados color roble y sus líneas naranja en cuello y puños, era difícil no ver al tipo de holandés común en las Indias, un tipo de hombre muy distinto de aquel de los holandeses en Holanda. Se tomaba un descanso siempre que no había nada pendiente, estaba lejos de ese celo por la profesión que en Europa llaman “tener ímpetu”, pero era trabajador cuando había labor por hacer, solícito para dar información y para ayudar, hospitalario, de buenos modales pero sin ser rígido, cándido, honesto y responsable, sin ser un mártir de estas virtudes; en pocas palabras, era un hombre que, como se dice, tendría cabida en cualquier lado, aunque no desee que se hablé de edades frente a él.”

Max Havelaar, capítulo 9 (fragmento)

¿Quién quiere ser Verbrugge?  Alguien que no puede defender lo que considera justo por temor a conseguir empleo… El propio Max Havelaar, es decir Dekker, no le recriminó gran cosa a Verbrugge, sólo lo alentó a ser más valiente. Lo entiendo como con las adicciones, sólo se puede remediar si uno quiere cambiar, ¿se imaginan si cada quién inspiráramos a un par de Verbrugges a transformarse en Max Havelaars? Sería grandioso.

Hermano dame tu mano con Mercedes Sosa es una bellísima canción para dedicarle a todos los Verbrugge del mundo, de nada sirve odiarlos, eso sólo los hará más necios: paciencia y a iluminar todo cuanto se pueda.

http://youtu.be/OLSw07K90dA

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