El café en El Monte de Lydia Cabrera

Hace poco escribo de café en este blog porque antes lo hacía en otra bitácora, hoy extinta. Pero me gusta escribir de tal modo que si yo regreso a alguna entrada más adelante, me resulte interesante y de provecho; entonces la pérdida de aquel blog fue triste y  con la nostalgia del aromático, ahora repondré acá las dos o tres aún en mi memoria.

portada de El monte, de Lydia Cabrera

Una de aquellas entradas versaba sobre El Monte de Lydia Cabrera, aquel libro lo conseguí, junto Yemayá y Ochún de la misma Cabrera en ni más ni menos que el Mercado de Sonora de la Ciudad de México, afamado en gran medida por sus locales dedicados a la brujería en todas sus vertientes. Resulta que entonces (sería 1999) era mucho más sencillo encontrar la obra de doña Lydia en esos lugares y no en una librería, como el sentido común dictaría. Tan fascinante universo lo conocí por Salvador Mendiola, mi asesor de tesis de licenciatura: La Regla de Ocha: Un análisis comunicativo; una cosa muy curiosa es que el ITESO la tenga en sus acervos en la web pero no me permita consultarla, ¿cosa rara, no?. Las cosas relatadas por los informantes de Lydia Cabrera, todos ellos sacerdotes y sacerdotizas de la religión de origen africano cubana llamada Regla de Ocha y conocida como Santería, acerca del café, le otorgan al aromático un aura, una personalidad inusitada y al mismo tiempo familiar en extremo, digo para ciertas regiones de México. Véan si no:

El café es un consuelo y una necesidad que Dios le dio a los pobres. Se puede dejar de comer, pero no se puede dejar de tomar café.

Sin café la vida no sirve.

Además de sabroso, el café es medicina. La medicina del corazón y del estómago. Lo que le da calor.

Las hojas verdes, en buches, para los dolores de muela.

portada de Yemayá y Ochún, de Lydia Cabrera

La semilla verde sirve de laxante. La raíz, cortada en tres trozos en cocimiento, se emplea para bajar la fiebre. En caso de fiebre muy alta se aplica en los pies del enfermo una pasta de café y sebo, que la absorbe y lo deja sin calentura.

Se derrama café molido en el ataúd, y en las partes más íntimas del cadáver para evitar que se corrompan rápidamente, y a veces se mezcla el café con hojas de guayaba.

En las ofrendas que se tributan a los muertos, jamás falta la taza de café que siempre apetecieron.

Es el gran alcahuete de las brujerías, y no debe tomarse en todas partes.

Lydia Cabrera con algunos de sus informantes

(Cabrera, Lydia, El Monte  Igbo-Finda  EweOrisha  Vititi Nfinda  Notas sobre las religiones, la magia, las supersticiones y el folklore de los negros criollos y el pueblo de Cuba, 5° edición, Ediciones Universal, 1983, Miami, 564 pp., Colección del Chichirekú.)

Con esta perspectiva, el aromático deja de ser un commodity y recupera su dimensión de ser, de ente vivo capáz de hacer tanto bien como mal… El video que cierra esta entrada es un reportaje, brillante en mi opinión, puesto que brinda una visión de conjunto, amplia, de la Regla Lukumí o Santería, del culto, de la fé,, de su historia. Si te parecen interesantes los datos recabados por Lydia Cabrerara, seguro te parece chido lo siguiente:

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