La botella, cuento de Félix Luis Viera

Félix Luis Viera, en pleno taller en el Centro Cultural José Martí.

Félix Luis Viera publicó en 1983 el libro de cuentos Las llamas en el cielo, antología que cambiaría para siempre el rumbo de la cuentística cubana, en especial la realizada al interior del régimen castrista. Cuando leí el volumen, el cuento La botella tuvo un gran impacto en mi, incluso me inspiró a escribir otro texto, un relato escénico titulado Afuera de El Olvido, que se incluyó en la obra experimental del Taller de Estela Leñero, llamada Manual de Supervivencia.

La botella

Félix Luis Viera

Amilio Garófalo, a medida que trasegaba el contenido de la botella, reconoció que sólo lograba el consabido entumecimiento, la tenue soñolencia, la duplicidad en las figuras que pusiera ante su visita. No le traía esta borrachera proyectos descomunales, no le inyectaba optimismo, ni le hacía sentir que la vida era un tango y éste el único momento de ella que valía.

Como siempre, Amilio Garófalo había entrado a <<El Olvido>> a olvidar, esta vez con el saco de las realidades sobrecargado, ansioso de traspasarse el contenido de la botella con buenas ganas para convertir en humo el cúmulo de las realidades que le azotaban.

Pero cuando quedaba un cuarto de botella, Amilio Garófalo, en contra de lo que buscaba, no se sentía enardecido ni emprendedor, a cada trago se sentía volando más bajito, hallaba más certeza por todos los costados. Entre los asuntos que necesitaba olvidar estaba la ausencia de dinero, sin embargo no conseguía borrar siquiera ese momento en que la Tacha llegaría a cobrarle y él, en borrachera normal, estuviera confiado en arreglárselas para aplazar el pago de cualquier forma.

Amilio Garófalo, se constató aplastado por la borrachera, sacando de ella solamente el vaivén de la cabeza, el vidrio en la mirada; y más que todo, sueño. Entonces dictaminó que esta era una borrachera traicionera, preparada contra él por una mano oculta como tantas otras cosas que le encajonaban en El Barrio. Una borrachera que se las había arreglado para propinarle un efecto meramente físico; sobre todo un sueño desesperado.

Apretujadas, las seis mesas de <<El Olvido>> se achicharraban en el calor, los bombillitos de colores, aislados desproporcionadamente, hacían tramos de negrura y medialuz en un conjunto absurdamente organizado.

La Tacha continuó (nadie sabe si cinco o cincuenta años, se desconoce cuánto duraron El Barrio y <<El Olvido>> después de aquello) zigzagueando entre las mesas dentro de la semipenumbra, llevando y trayendo la soltura de sus poderosas nalgas, <<El Olvido>> no se desacreditó porque todos convergieron en que Amilio Garófalo se había olvidado, muy convenientemente, se sí mismo, por eso aquella noche entró y no se supo más de él.

Amilio Garófalo, después de cerciorarse una vez más que esta vez la borrachera recorría un plano inverso al que necesitaba, llevándolo a la realidad a medida que iba vaciando la botella, proporcionándole únicamente un sueño profundo, total, en todo el cuerpo, pero incapaz de dormirlo –aquella noche, nadie sabe si cinco o cincuenta años antes de la desaparición de El Barrio-, tomó la botella y la empinó hasta escanciar las últimas gotas. Luego puso la palma de la mano contra el fondo y comenzó a empujarla dentro de sí mientras los ojos se le salían de sus huecos y una sonrisa le machucaba los labios. Cuando tenía vencida la mitad alejó la mano en busca de impulso y, de un solo palmazo, la botella se fue dentro de Amilio Garófalo. Hubo entonces repetidos zumbidos como de cortocircuito y algunas volutas de humo en colores se fugaron de la mesa.

Cuando la última espiral de humo verdiazul desapareció, dejó la mesa limpia y preparada, lista para otro cliente de El barrio que buscara <<El Olvido>>.

Viera, Félix Luis. Las llamas en el cielo. La Habana: Ediciones Unión de Escritores y Artistas de Cuba, 1983. 141.

Pd.- pa’ cerrar, les dejo otro cuento del mismo libro: Asunto formicular, y un fragmento de una entrevista:

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