La pipa

¡PÁSELE, PÁSELE! En esta entrada encontrará reflexiones sobre fumar en pipa y la salud, flores del mal de Charles Baudelaire, el cuadro más famoso de René Magritte y harta guasa,  déjeme un comentario si no, mi reader.

Soy una persona saludable, casi no padezco enfermedades pero, tengo vicios, uno de mis preferidos es fumar. Amo encender la llama, acercarla a la cazoleta y disfrutar del aromático humo, de su sabor, de su bouquet, y acompañado de una taza de café… ¡Uff! Pero, en  esto de ser asiduo de la pipa debí ser más constante: encontré hace unas semanas una bolsa con tabaco, del bueno, olía bien y se veía bien, así que me preparé un artillería ligera, incluso una de esa que en el caño tienen espacio para insertar un filtro que de hecho tenía. Fumé la carga completa, deliciosa, un poco demasiado caliente, pensé.

Ceci n'est pas une pipe de Rene Magritte

Ceci n’est pas une pipe de Rene Magritte

Al día siguiente la garganta (en la orofaringe) presentaba quemaduras de primer grado, como las que lo ponen a uno rojo bombero cuando se queda dormido en la playa algunas horas. “Ésto no es una pipa”, me acordaba de René Magritte mientras con sorpresa me di cuenta que el café me asqueaba y un ardor como en segundo plano inundaba mi vía aérea superior; comenzaba una temporada de dolencias, de incomodidades, para hablar, para comer. Tiré la bolsa de tabaco “del bueno” y me dediqué a curar mi cogote: medicinas en buches y gárgaras, comida fría, tibia a lo más, y mucha agua. Me curé. Casi, quedó sentida la orofaringe, o ya estaba así, soy fumador, pues. Pero las ganas de reponer el tabaco y regresar con ese vicio suculento aún me quedan. El asunto me recuerda un gran poema, de un maestro indiscutible: Charles Baudelaire. Éste:

Yo soy la pipa de un autor;
se comprueba, al contemplar mi rostro
de abisinio o de cafre,
que mi dueño es un gran fumador.

Cuando está colmado de dolor,
yo humeo como la casucha
donde se prepara la comida
para el regreso del labrador.

Yo envuelvo y arrullo su alma
en la red móvil y azul
que asciende de mi boca encendida,

y envuelvo un poderoso dictamen
que encanta su corazón y cura
de fatigas a su espíritu.

 La pipa es el poema número 68 de la edición de 1861 del gran Las flores del mal, y uno de mis favoritos, quizá por él es que no he abandonado la pipa del todo. Y bueno, para quien nunca se haya fumado una pipita y quiera intentarlo, les dejo un video básico sobre cómo hacerlo:

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