El Controlador Verbrugge de la novela Max Havelaar, alguien que sólo hace su trabajo

En éste tercer post dedicado a la novela Max Havelaar, te cuento algunas ideas sobre un personaje, secundario en la narración pero principal en otros aspectos de la historia: Verbrugge, alguien que pese a ser “un buen hombre” es incapaz de mover un dedo por cuenta propia para que la justicia prevalezca, incluso ejecutará órdenes que le repugnan… Parece vigente, ¿cierto?

Pilatos sólo hace su chamba

Pilatos sólo hace su chamba

Verbrugge es el nombre que le da Multatuli a Abraham van Hemert (1825-1895), quien fuer el Controlador, real, en su historia, plasmada con singular genio en Max Havelaar o Las Subastas de Café de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. En el contexto de la novela y de aquella región de Asia, un Controlador es puesto operativo, encargado de ejecutar las instrucciones de su superior inmediato, en este caso Havelaar, y de los de mayor rango. En aquel contexto, la explotación, la exigencia por parte de una clase privilegiada de productos y trabajo obligatorio a la clase no favorecida era visto con naturalidad y resignada aceptación por la gente de entonces, al menos abiertamente. Y es necesario hacer esta aclaración porque hay un momento hacia el final de la novela en el cual alguien, clandestinamente, le dice a Havelaar del abuso que sufre. En este contexto las formas lo son todo, y este formalismo es el que frena el afán reivindicador de Havelaar y, en cambio, lo haga caer en la desgracia.

Max Havelaar es presentado, en todo momento, como un adalid de la justicia, ¿y Verbrugge, su operador, su controlador, su hombre fuerte? Verbrugge es un buen aliado de Havelaar, pone a su disposición todo su conocimiento y habilidades para cumplir con la voluntad de su jefe, hasta cierto punto. Un momento, si había una injusticia y Verbrugge estaba indignado o en desacuerdo con ella, ¿por qué no hizo nada? La respuesta está en la desgracia de Havelaar: cuando éste es expulsado del servicio y forzado a regresar a Holanda, Verbrugge se repliega de nuevo al sistema, acata. En cuanto puede se jubila, pero mientras sigue ejecutando las órdenes que le parecen indignas, que sabe que son injustas y crueles, pero acata. Jamás tendrá estatura alguna, tiene tanto miedo de perder el salario, su puesto en el sistema que asegura el dinero en la quincena, que está dispuesto a bucear en la mierda:

Prefiero que me manden a robar a que me roben, prefiero que me pidan asesinar a que me asesinen.”

¿Los Sonderkommandos són una especia de Verbrugge del siglo XX?

¿Los Sonderkommandos són una especia de Verbrugge del siglo XX?

Verbrugge, Abraham van Hemert, nunca se dio cuenta que él era la fuerza del sistema, que gracias a que todos los Verbrugge del mundo hacen su trabajo y prefieren ensuciarse las manos a quedar desempleados es que el sistema de producción puede ser viable, el capitalismo puede darse el lujo de comerse crudas a familias enteras sólo porque existe Verbrugge… alguien que sólo hace su trabajo. Y lo mejor, o lo peor, como se prefiera, es que parecen buenas personas y hasta simpáticos son; son las palabras que le dedica Havelaar, aquí en mi traducción:

“El Controlador Verbrugge era un buen hombre. Uno le veía allí, con su ropa azul, de bordados color roble y sus líneas naranja en cuello y puños, era difícil no ver al tipo de holandés común en las Indias, un tipo de hombre muy distinto de aquel de los holandeses en Holanda. Se tomaba un descanso siempre que no había nada pendiente, estaba lejos de ese celo por la profesión que en Europa llaman “tener ímpetu”, pero era trabajador cuando había labor por hacer, solícito para dar información y para ayudar, hospitalario, de buenos modales pero sin ser rígido, cándido, honesto y responsable, sin ser un mártir de estas virtudes; en pocas palabras, era un hombre que, como se dice, tendría cabida en cualquier lado, aunque no desee que se hablé de edades frente a él.”

Max Havelaar, capítulo 9 (fragmento)

¿Quién quiere ser Verbrugge?  Alguien que no puede defender lo que considera justo por temor a conseguir empleo… El propio Max Havelaar, es decir Dekker, no le recriminó gran cosa a Verbrugge, sólo lo alentó a ser más valiente. Lo entiendo como con las adicciones, sólo se puede remediar si uno quiere cambiar, ¿se imaginan si cada quién inspiráramos a un par de Verbrugges a transformarse en Max Havelaars? Sería grandioso.

Hermano dame tu mano con Mercedes Sosa es una bellísima canción para dedicarle a todos los Verbrugge del mundo, de nada sirve odiarlos, eso sólo los hará más necios: paciencia y a iluminar todo cuanto se pueda.

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Archivado bajo Apuntes, Café, Hachas de guerra, Literatura

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