Temilotzin, digno nadador de las grandes aguas

Temilotzin de Tlatelolco fue un tlacatécatl o comandante de hombres en el siglo XVI del altiplano mexicano, justo durante las campañas de Hernán Cortés para conquistar el imperio mexica. Varias cosas distinguen a este guerrero, la primera es su calidad de forjador de cantos o cuicapique, y una más es su amistad incondicional con Cuauhtémoc, el onceavo y último huey tlatoani  de México-Tenochtitlán; según se cuenta en los Anales de Tlatelolco y en Quince poetas del mundo náhuatl, estaba junto al monarca cuando lo capturaron:

Temilotl, ¿dónde quedaron tus huesos?

Temilotl, ¿dónde quedaron tus huesos?

“Enseguida, después, vinieron Coyoueuetzin, Topantemoctzin, Temilotzin y Cuauhtémoc. Fueron a dejar a Cuauhtémoc allá donde se encontraban el capitán, don Pedro Alvarado, doña Malintzin. Cuando fueron prendidos fue cuando empezaron a escaparse las gentes del pueblo, a buscar dónde morar. Mientras escapaban, algunas mujeres-amadas se fajaron las nalgas con harapos. Por todas partes los cristianos las esculcaban, las despojaban de sus faldas, las exploraban por todas partes, en sus orejas, en sus bocas, en su vientre, en sus cabellos.” Anales de Tlatelolco.

También estuvo presente cuando su amigo fue colgado de una ceiba y luego lo subieron a un barco para llevarlo a Castilla, Malinche creyó que podía asustarlo y se llevó una sorpresa, los anales citados así lo consignan:

“—Escuchad, ¡oh, Malintzin! —respondió Temilotzin—. Es tal como lo ha dicho Ecatzin. ¿Acaso los conté? Yo vapuleo al oponente en la batalla, y contra bastantes hombres he luchado yo. —Bien —dijo ella—. Pues ahora iremos a visitar al gran teotl tlatoani que está en Castilla. Allá seréis liquidados, allá moriréis. —Pues que así sea —respondieron—. Vayamos de una vez, Malintzin, señora mía. Pasada esta conversación, cuando ya habían navegado en el mar durante seis días, el marqués les habló así: “Tomad asiento ahora, grandes se- ñores.” Los señores tomaron asiento. Entonces, de repente, Temilotzin se puso de pie. Ecatzin pensó que quizás iba a orinar. —¡Oh, tlatoani, oh Ecatzin! —exclamó Temilotzin—. ¿Adónde nos están llevando? ¡Regresemos a nuestro hogar! —¿Qué es lo que haremos, Temilotzin? —preguntó Ecatzin—. ¿Adónde podremos ir, puesto que el barco ha navegado ya durante seis días? Temilotzin no quería escucharlo. La gente vio cuando se arrojó al agua y se fue cortando las olas como un pez, nadando hacia el poniente. —¿Adónde os dirigís, Temilotzin? ¡Volveos, regresad acá! —gritó Malintzin. Más él siguió su camino, hasta que por fin desapareció bajo las aguas. Nadie sabe si alcanzó la orilla, si una serpiente lo devoró, si un cocodrilo se lo engulló, o si los peces se lo comieron. ” Anales de Tlatelolco.

En los Anales se le encuentra así: Temillotzin Tlacatécatl Tezcacohácatl Popocatzin, que es su nombre cargado de grados y formas reverenciales, su nombre a secas fue Temilotl, la terminación -tzin en náhuatl es el equivalente al “don” o “señor” actual, significa “columna” o “puntal”. Es el tlatelolca Temilotzin un héroe necesario en el México de hoy, supo ser amigo como pocos en momentos en donde serlo significaba alejarse de la dicha y el gozo; fue hombre digno y cabal, dueño de su destino hasta el último momento; y fue, también famoso forjador de cantos y nos ha llegado al menos uno del que se puede afirmar su forja, canto contenido en un texto que, pese a la poca difusión que se le ha dado, bien se puede considerar como Clásico Nacional: Romances de los señores de la Nueva España, antología preparada por quién quizá sea el primer editor mexicano a cabalidad, Juan Bautista Pomar. al final acompaña esta entrada un video con una interpretación musicada del poema en náhuatl.

¡Que el espíritu de Temilotzin fecunde México!

Canto de Temilotzin

He venido, oh amigos nuestros:

con collares ciño,

con plumajes de tzinitzcan doy cimiento,

con plumas de guacamaya rodeo,

pinto con los colores del oro,

con trepidantes plumas de quetzal enlazo

al conjunto de los amigos.

Con cantos circundo a la comunidad.

La haré entrar al palacio,

allí todos nosotros estaremos,

hasta que nos hayamos ido a la región de los muertos.

Así nos habremos dado en préstamo los unos a los otros.

Ya he venido,

me pongo de pie,

forjaré cantos,

haré que los cantos broten,

para vosotros, amigos nuestros.

Soy enviado de Dios,

soy poseedor de las flores,

yo soy Temilotzin,

he venido a hacer amigos aquí.

 

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Archivado bajo Creadores, Hachas de guerra, Poesía, Sin categoría

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