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El inicio de la foto de desnudo en México: Antonio Garduño y Nahui Olin

Nahui Olin recostada. Foto de Antonio Garduño.

Antonio Garduño fue uno de los primeros fotógrafos mexicanos, él y su hermanos fueron instruidos por quienes primero trajeron la tecnología. De hecho, él fotografió en varias ocasiones a Francisco Madero y algunos otros personajes revolucionarios, pero no se me malentienda, Antonio Garduño no fue un fotógrafo de guerra, era conocido como “El fotógrafo de las Novias”. Hay suficiente información, no sólo en la web, sino en los archivos militares, en la Hemeroteca Nacional, en el Archivo General de la Nación y, con mucha seguridad, en el archivo personal de Tomás Zurián, para suponer que Antonio Garduño y el general Manuel Mondragón se conocían o, quizá, fueran amigos. Quién más: Antonio Garduño, El Fotógrafo de las Novias, para retratar la boda de la hija del general inventor, del general sobreviviente de la Decena Trágica

Nahui Olin arqueada en la playa. Foto de Antonio Garduño.

Antonio Garduño y Nahui Olin, Exursión a Nautla, Veracruz, esto sucedió un año antes, ahí  él la fotografió al natural. Es una hermosa serie, la imagen en donde ella está arqueada sirvió para ilustrar la portada de la novela Nahui de Pino Caccuci. Ellos, Nahui y Antonio presentaron un exposición de fotografías de desnudos del 20 al 30 de septiembre de 1927. Es pues, Antonio Garduño un pionero de la fotografía de desnudo en México; por su parte, Nahui Olin es pionera, entre tantas cosas, del modelaje en este mismo país, y no sólo de desnudo, ahí están cuadros, murales y más fotos para probarlo. La exposición tuvo éxito, secretarios de estado y mucha gente asistió a la azotea del número  18 de la calle de 5 de Febrero, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el inmueble conocido como la Casa de la Marquesa de Uluapa. Y luego algo pasó, o más bien: no pasó. El fotógrafo organizador de la primera exposición de Tina Modotti, el pionero del desnudo, Antonio Garduño casi desaparece de la historia de la foto nacional, ¿porqué?

Nahui Olin desnuda recostada en la playa de Nautla, Veracruz. Foto de Antonio Garduño

¿Y Nahui Olin? Muere pobre, gorda, con una fama de promiscua y bruja y personaje misterioso que aún hoy tiene en muchos sectores de la sociedad mexicana… Sospecho que las razones son las mismas. Sospecho.

Pd.- Les dejo un tango harto conocido, a colación porque la primera grabación de ¡Adiós, muchachos! se realizó justo el día de la inauguración de la exposición de Nahui y Antonio, me gusta imaginar esta canción de fondo en aquella azotea, presagiando el ánimo del final.

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Nahui Olín en una revista de autos, con fotos de Antonio Garduño. Nautla, Ver.

En mayo de 1926, apareció en una revista hoy extinta: El Automóvil de México, una crónica del viaje que hicieron a Nautla, Veracruz, Nahui Olín, Antonio Garduño y Enrique Bert, con el pretexto de hacer una sesión fotográfica de María del Carmen en traje de baño.

Antonio Garduño fue un fotógrafo cuyos comienzos como profesional se remontan al inicio de la Revolución mexicana, de hecho toda su familia se dedicó de alguna manera a lo mismo. Él ya era un gran fotógrafo antes que Tina Modotti y Edward Weston llegaran al país. Quizá lo que lo ha condenado al ostracismo del olvido es haber hecho la primera sesión de fotografías de desnudo femenino en México, con Carmen Mondragón como modelo y curadora y expositora y anfitriona… De una exhibición que se realizó en la azotea de un edificio del Centro Histórico de la Ciudad de México conocido como la Casa de la Marquesa de Uluapa; en lo que es hoy el número 19 de la calle de 5 de febrero, propiedad de Toallas La Josefina. (En el link dice que el 18, pero ese número es una tienda, no la casa en sí) En ese entonces ya se había separdado de la segunda pareja relevante en su vida: Dr. Átl.

Luego de aquella exposición poco se sabe de El fotógrafo de las Novias, como se le conocía a Antonio Garduño, quien fue amigo, primero del general Manuel Mondragón y después de su hija, Carmen Mondragón, t.c.c. Nahui Olín.

Lo que sigue es el texto del Viaje a Nautla y fotografías de su publicación en el Automóvil de México.

Excursión a Nautla

Apuntes para el libro “El infinito en lo ínfimo”, próximo a publicarse

Foto tomada en una hemeroteca, del viaje de Nahui Olín y Antonio Garduño.

Para El automóvil en México

De acuerdo con lo convenido, muy de mañana pasó el entusiasta excursionista señor Enrique Bert, a recogerme a mi domicilio. Manejaba un hermoso Templar”, coche poco conocido entre nosotros, pues si apenas y existen tres en esta capital

A bordo del flamante auto iba el popular fotógrafo Antonio Garduño, perfectamente aprovisionado de aparato y y placas donde recoger gráficamente cuanto llamase la atención de nuestros ojos.

Acomodada en mi lugar, emprendimos la marcha con el gozo retratado en nuestros semblantes.

La mañana era despejada, luciendo en todo su esplendor el bello sol de las alturas. Entretenidos por la charla, continua y alegre, nos dimos cuenta del tiempo transcurrido cuando llegamos a Puebla, la que bien pronto abandonamos con dirección a San Marcos. En este pueblo pernoctamos, bien incómodamente por cierto, y una vez que amaneció reanudamos la marcha recorriendo caminos áridos y polvosos y pasando por pueblos cuya desolación y desamparo contristaron nuestras almas.

En Perote hicimos una escala impuesta por la necesidad de reparar las perdidas fuerzas. Comimos mal y de prisa, debido a que el frío reinante nos molestaba demasiado, continuando el itinerario trazado de antemano.

Garduño comenzaba a fastidiarse de su inactividad, pues cuanto habíamos recorrido sólo ofrecía paisajes de una vulgaridad desesperante, siendo lo peor que, a nuestro paso por Altotonga y otros pueblos verdaderamente encantadores, fuimos sorprendidos por una espesa neblina y por la noche, que cubrió con su negro manto los bellos rincones de aquellos poéticos contornos,

Gracias a la pericia de Bert, sorteamos los peligros de aquellos caminos, llenos de curvas y baches, y a cuyo borde se encontraban pavorosas barrancas.

Segunda página de la publicación original, con 6 fotos de Antonio Garduño.

Afortunadamente arribamos sin novedad a Teziutlán, importante población enclavada en plena serranía, que ofrece al tourista encantos naturales inenarrables. Fuimos recibidos por el señor Guerrero, importante industrial que posee magníficos talleres tipográficos y que, juntamente con el hacendado señor Zorrilla, llevaron a cabo la hermosa carretera que comunica esta región con Nautla.

Teziutlán cuenta con buenos hoteles, razón por la que pudimos descansar, durmiendo perfectamente. Muy temprano dejamos todos las amables sábanas, disponiéndose Garduño a impresionar unas placas con los encantadores paisajes de aquella pintoresca serranía que circunda al poblado, y Bert a inspeccionar su coche, alistándolo para la inmediata marcha.

Antes de media mañana nos reunimos para continuar el viaje, impacientes por gozar las sensaciones que al tourista ofrece esta privilegiada región, y amargados por el temor de que las vacaciones de semana santa, tan limitadas, no nos dejasen el margen necesario para cumplir con nuestro programa.

Abandonamos Teziutlán para descender en busca del mar. Pasamos por el puente de Conoquico y cruzamos bosques maravillosos. Atravesamos lugares de belleza increíble para quien no tenga la dicha de contemplarla. Y pensé en Zola, y en Víctor Hugo, y en Pereda, e invoqué a sus espíritus pidiendo que iluminaran el mío, cuando llegue la ocasión de darles forma a estos apuntes.

Una choza de carrizos semejantes al bambú, nos hizo notar que cambiábamos de panorama y de ambiente. El campo tomó otro color, dominando el de unas extrañas flores rojas. Momentos después

Otra foto de El Automóvil de México de mayo de 1926.

entrábamos en Tlapacoya, pueblo de calles accidentadas y casas pintorescas por la cantidad de colores que lucen en sus fachadas y tejados. La placita de este pueblo tiene el atractivo de encontrarse rodeada por naranjos en flor.

Descansamos tres horas de Tlapacoya. En este lugar hicimos amistad con Rosendo Montenegro, de origen italiano, curioso ejemplar de aventurero que, en la lucha por la vida, todo lo acomete y todo lo ejecuta, sin que haya obstáculo que no sepa vencer su despierta inteligencia y su actividad sin tasa. Hoy trabaja con el señor Plata, traficando con hielo y algunas otras cosas. Fueron nuestros invitados para comer “bobo”, y una banda de jazz band, propiedad del señor Plata, amenizó el acto, que resultó sencillamente encantador.

Montenegro y Plata, a bordo de un camión Reo, propiedad del segundo, se unieron a nuestra excursión, que fue reanudada poco después de haber comido. En el camión fue instalada la banda de jazz, que dejó oír sus alegres sones por toda la boscosa región que atravesábamos. Seguramente las fieras que la poblaban han de haberse sentido sorprendidas de que hubiese quien se atreviera a turbar ese silencio, no profanado sino por sus aullidos o por el melodioso susurro de la brisa.

Repentinamente divisamos unas torrecitas, blancas casitas de techos bajos, luces amarillas y una placita con su fuente central de agua cristalina. Era Martínez de la Torre, donde cenamos, improvisamos un cabaret con nuestro jazz y pasamos la noche dormitando, a ratos en nuestro automóvil.

Antes de que los rayos del sol rasgasen las tinieblas, emprendimos la caminata a los acordes del jazz que, naturalmente, nos tocó las mañanitas.

El Automóvil de México, mayo de 1926, página 22

Cruzando manglares y cafetos nos sorprendió la salida del astro rey, al llegar al Salto del Tigre. A la entrada de Los Mangos encontramos un grupo de estudiantes de medicina, cuyo Overland estaba atascado. Los estudiantes llevaban cerca de veinticuatro horas sin tomar alimentos, encontrándose perdidos y asustados. Después de auxiliarlos, atravesamos las sabanas del Pital, donde bailamos el charleston; cruzamos por la colonia francesa, bien atendida, en la que vimos casas primorosas, jardines, etc., y una generación que a las claras denunciaba el paso de los franceses cuando la Intervención. Aquellos ojos azules y cutis sonrosados no desmentían la procedencia.

Pasamos por Nautla, y en San Rafael comimos, siempre amenizados por el jazz.

Después seguimos el curso de un río que se ensanchaba hasta llegar a Chumanco donde, con una anchura de ciento cincuenta metros, desemboca en el mar.

Allí dispusieron las tiendas de campaña que ocuparon los hombres, dejándome a mí el automóvil como casa habitación.

Fue allí donde Garduño se entregó a un trabajo febril, siendo yo el personaje principal de los motivos que sirvieron para impresionar sus placas, según podrá verse en los grabados que aparecen.

Al día siguiente, emprendimos el regreso, sin otra novedad que al haberse atascado nuestro coche en mitad del Pital, viéndome en la necesidad de caminar a pie como diez y ocho kilómetros, acompañada

El cierre de la crónica de Nahui Olín.

del señor Guerrero.

De vuelta en Teziutlán, descansamos un día y tornamos al automóvil hasta Perote, donde abandoné a mis compañeros Garduño y Bert, para tomar el tren que me condujo a México, incorporándome al prosaísmo de la vida citadina.

Nahui Olin.

 

 

 

Bibliografía:

El automóvil en México. Mayo de 1926. Año XX, Número 89. Páginas 18, 19, 21-23.

Clasificación en la Hemeroteca Nacional:

HM

A587

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