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El aroma y potencia del café

¿Te imaginas que desaparecieran el aroma y potencia del café?

¡Y se hizo la luz!

La epifanía matutina del Too Much Coffee Man

Sin duda prefiero el de especialidad pero el aroma y potencia del café son indispensables antes que cualquier otra cosa. Sin potencia no se explican muchos de los ataques a este néctar negro, tampoco lo popular que es su consumo entre nuestra especie, ni mucho menos el Too Much Coffee Man.

El café es una sustancia que debe ser analizada con cuidado, primero, incluso antes de su sabor u aroma está el hecho de que es psicoactiva, es decir modifica el estado de conciencia del individuo que lo ingiere. No es la única planta que produce estos efectos pero sí aquella cuyo consumo está más ampliamente extendido por todo el planeta. De hecho muchos países de manera oficial promueven su consumo en la población sin importar la edad.

“A partir de ese momento todo se agita, las ideas se ponen en marcha como los batallones de un gran ejército en el terreno de la batalla. Llegan los recuerdos a paso ligero, con las banderas al viento; la caballería ligera de las comparaciones se despliega con magnífico galope: la artillería de la lógica llega con su tren y sus saquetes de pólvora; llegan en guerrilla las agudezas, se ponen en pie las figuras, y el papel se cubre de tinta, pues la vigilia comienza y termina con torrentes de agua negra, como lo hace la batalla con su negra pólvora.”

Honorato de Balzac

El inicio de un clásico

Portada del Too Much Coffee Man #1

Debido a su efecto en la mente o potencia, y a su aroma, el café se consume

Luego de aclarado lo anterior, su sabor, aroma, cuerpo, regusto, bouquet, todo lo que se quiera se puede ponderar; sin que por ello desaparezca la validez de la postura desde la que se sostiene que el aroma del grano, de la taza, de sus procesos, la calidad, es lo principal. Hay quienes aún detestando el sabor del café disfrutan a tal punto su aroma que lo compran sólo para olerlo o, simplemente, se paran fuera de un tostador para gozar sus efluvios.

Y sólo en tercer término es que el sabor del café es relevante, en realidad. Nadie quiere modificar su aroma pero sí hay quienes desean modificar su sabor. Está fuera de discusión que el sabor de una buena taza preparada artesanalmente con métodos manuales y realizada la extracción por un especialista en ello, es decir un barista, es una experiencia maravillosa.

Pero tampoco es que está disponible para todos los bolsillos, en cambio su potencia psicoactiva y aroma… incluso en el peor soluble. Al menos eso parece dar a entender este divertidísmo video ¡Le café!

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El café de Nicómedes Santa Cruz

Nicómedes Santa Cruz, poeta y folclorista peruano.

Conocí el poema El café de Nicómedes Santa Cruz hace muchos años, no recuerdo con exactitud si en 2000 o 2001, en un libro publicado por la Universidad Autónoma de Chapingo, fue inspirador atisbar la concepción del aromático, no como un lujo o commodity, sino como un compañero en la pobreza, en los malos tiempos, de los de abajo… En especial porque me iniciaba en una travesía por los distintos aromas y sabores de uno de mis vicios principales:

El café

Tengo tu mismo color

y tu misma procedencia,

somos aroma y esencia

y amargo es nuestro sabor

Tu viajaste a Nueva York

con visa en Bab-el-Mandeb,

yo mi trópico crucé

de Abisinia a las Antillas.

Soy como ustedes, semillas,

soy un grano de café.

En los tiempos coloniales

tú me viste en la espesura

con mi liana a la cintura

y mis arbóreos timbales

Compañero de mis males,

yo mismo te trasplanté.

Surgiste y yo progresé

en los mejores hoteles

te dijeron ¡qué bien hueles!

Y yo asentí “uí, mesié”.

Tú de porcelana fina,

cigarro puro y cognac

yo de smoking, yo de frac,

yo recibiendo propina.

Tú a la Bolsa, yo a la ruina,

tú subiste, yo bajé…

En los muelles encontré

vi que te echaban al mar

y no lo pude evitar

ni a las aguas me arrojé.

Y conocimos al peón

con su “café carretero”,

y hablando con el obrero

recorrimos la nación.

Se habló de revolución

entre sorbos de café:

cogí el machete… Dudé,

¡tú me infundiste valor

y a sangre y fuego y sudor

mi libertad conquisté!…

Después vimos al poeta:

lejano, meditabundo

queriendo arreglar el mundo

con una sola cuarteta.

Yo, convertido en peseta

hasta sus plantas rodé:

¡Qué ojos los que iluminé,

que trilogía formamos

los pobres que limosneamos

al poeta y su café!…

Tengo tu mismo color

y tu misma procedencia,

somos aroma y esencia

y amargo es nuestro sabor…

Vamos, hermanos, valor

el café nos pide fe,

y Changó y Ochúm y Ekué

piden un grito que vibre

por nuestra América libre,

libre como su café.

Nicómedes Santa Cruz

Pd. Ahora, ¿si te gustó leerlo, cómo te caería escucharlo en voz del autor, del mismísimo Nicómedes Santa Cruz? 😉

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Hermosas flores blancas que le iban bien de Constantino Cavafis

Konstantinos Kavafis

¿Y luego de los antiguos griegos qué? ¿Quién después de Homero, Safo, Sófocles y Hesíodo…  Constantino Cavafis de Alejandría. En su poesía sucede algo harto singular, cada vez que aparece una cafetería o Café, éste resulta ser como lo describió Vincent van Gogh: “En mi cuadro del café nocturno he tratado de expresar que el café es un sitio donde uno puede arruinarse, volverse loco y cometer crímenes“… Y Cayetano Cantú ha sido un traductor fiel, amoroso, delicado con el espíritu del poeta, ha re-creado la voz de Cavafis para el deleite de los ígnaros en griego moderno, como yo.

Hermosas flores blancas que le iban bien

Volvió a ir al café donde solían ir juntos;

fue aquí cuando su amigo le había dicho, tres meses antes:

“no tenemos un centavo; somos dos jóvenes en la miseria

sujetos a lo más barato; te digo sinceramente,

no puedo seguir contigo;

alguien más, debes saber, me desea”.

Este “alguien más” le había prometido

dos trajes y unos pañuelos de seda.

Para atraerlo de nuevo, movió cielo y tierra, consiguió veinte libras,

y por el amor que sentían;

por la vieja amistad, por el sentimiento.

El “alguien más” fue un avaro, mintió,

sólo le dio un traje después de mil ruegos.

Mas ahora, no desea ni los trajes ni nada,

ni pañuelos de seda,

ni veinte libras o veinte piastras.

El domingo lo enterraron

a las diez de la mañana.

El domingo hace una semana; sobre el pobre féretro, puso flores,

hermosas floras blancas que le iban bien;

matizaban con su belleza y sus veintidós años.

En la noche, cuando fue al café que solían ir juntos

(encontró un trabajo, la necesidad de comer);

una cuchillada fue el recuerdo

del desolado lugar que frecuentaba.

Constantino Cavafis, 1929.

Traducción de Cayetano Cantú, 2001.

Si te late la voz poética del buen Constantino, te dejo una versión de otro poema suyo: Esa foto, en voz de Eugenia León, ahi nomás 😉

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