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André de Lorde, el dramaturgo del Teatro del Grand Guignol

Retrato de André de Lorde

Retrato de André de Lorde de Dolee.com

André de Lorde fue el máximo dramaturgo del Teatro del Grand Guignol, El jardín de los suplicios, Al teléfono y Laboratorio de alucinaciones son algunas de las obras de este maestro de la forma y el suspenso.

El Teatro del Grand Guignol fue en gran medida, un teatro de autor, de dramaturgo. Y el escritor que dominó el género y el teatro de la Rue Chaptal fue conocido como El príncipe del Terror, André de Lorde. Quien era, ante todo, un maestro de la forma, dominaba las artes necesarias para crear un gran conflicto y hacerlo aumentar progresivamente, con un completo control del tiempo y el ritmo, con una progresión dramática, esto es, un avanzar de la información muy calculado, científicamente; amén de una matemática dosificación de la violencia en el escenario que produce al fin, un impacto de contundencia abrumadora, en el caso de la tragedia farsesca. Cuando de comedia se trataba, la cuestión formal variaba entre lo explícitamente sexual tratado con repeticiones sucesivas, un espiral ascendente que minimiza y trivializa el sexo y sus tabúes, deshinibiendo y relajando el ánimo del espectador/lector.

Poster de El jardín de los suplicios

Poster de El jardín de los suplicios de André de Lorde y Pierre Chaine

Algunas obras de André de Lorde han sido publicadas en internet al idioma inglés (aún no encuentro ninguna en español), la mejor que he encontrado es la de Al teléfono, de 1902 el original y la traducción de 1925.

Otra de las características de André de Lorde como dramaturgo es su habilidad para escribir a varias manos, no son pocas las obras que dejó firmadas en colaboración. Otra más es su capacidad ara adpatar textos ajenos al tablado. Un ejemplo que parece paradigmático es su adaptación del cuento de Edgar Allan Poe El método del doctor Tarr y el profesor Fether, titulado Laboratorio de alucinaciones:

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El infinito de los infinitos, fragmento del libro Energía cósmica de Nahui Olín

En el año 1934, Nahui Olín publica su último libro con la legendaria Editorial Botas: Energía cósmica, con prólogo de Leonor Gutiérrez. Este libro, está más emparentado con Eureka de Edgar Allan Poe, o con Un hombre más allá del universo de Gerardo Murillo, Dr. Átl, que con cualquier otro poemario de Carmen Mondragón. Este parágrafo o capítulo es, muy probablemente, en lo que se quedó el libro proyectado en Viaje a Nautla: El infinito en lo ínfimo. Nahui es uno de esos autores que por el hecho de ser mujer se le ha olvidado en la historia de las letras mexicanas. No dejemos que su memoria muera.

EL INFINITO DE LOS INFINITOS

Mi ambición no es ni siquiera de ser el infinito de los infinitos—está construído (sic) de miserias e ignominias de innoblezas (sic) y bajezas, de carne podrida, de carne torturada.—

Primera página de Energía cósmica.

No, mi ambición encuentra muy pequeña esta inmensidad para ser deseada de mi suprema y extraordinaria ambición y mi corazón tendría necesidad de llorar, interminablemente como el infinito que hace la miseria para evolucionar sin cesar su energía y más todavía.—

Desear ser el infinito de los infinitos como el que existe, vale la pena reconstruir una bárbara energía que es monótona en todas sus evoluciones y tan vulgar para crear y podrir, las bellezas del universo.— No, mi ambición es superior a toda debilidad y como debilidad son los átomos que forma el infinito de los infinitos.—

No, mi imaginación fantástica remonta para pensar en la increíble creación, en perfecciones que tendrán en sus infinitas moléculas un infinito de belleza de maravilla sin carne de humanidad y dentro una interminable evolución, lo nuevo creado existirá sin volver el pasado podredumbre él creará como una atmósfera nueva y transformada hasta la eternidad.—

Esto puede ser, calmará un poco mi ambición loca y mi grandeza embelleciente (sic), pero no habrá nada dicho sobre un deseo  que es siempre más maravilloso y monstruoso.—

Y yo regreso en  mi propio infinito y me digo esto:—

Yo no ambiciono, mismo ya el infinito está hecho de miseria y mi corazón llorariía hasta secarse.

La invención que la impaciencia de mi satisfacción me exige es larga a buscar, pero no imposible, y científicamente, positivamente, yo quiero una transformación material.

Pero mi sensibilidad ha bebido, ha chupado los dolores que forman el infinito y yo he hablado al Universo no desesperado, pero aplastado bajo una apariencia de resignación que es la impotencia, yo le he hablado de vengarlo—y temiendo la comprensión de una totalidad de dolor yo comprendo de lo que el dolor engancha y la cualidad del infinito comienza a ser una luz para descubrir el porqué de este nosotros que me intriga, por esta vez yo creo que la energía desconocida que mueve todo se ha

Autorretrato de Nahui Olín en el Puerto de Veracruz.

equivocado creándome, porque todo parece estar dormido en la sumisión, excepto yo que no dejo de pensar tan inmensamente cómo puede ser el infinito y que quiere encontrar un medio de volverse más fuerte en mi carne que toda fuerza arrastradora (sic) en su formidable movimiento, porque no somos otra cosa que esto, somos átomos perfectamente equilibrados en un simoun (sic) continuo, sin átomos susceptibles de transformación y nuestro corazón que está hecho de grandeza, se ha vuelto polvo de un simoun (sic) maldito. Inventar el infinito en cada átomo y la perfección en sus ínfimos de felicidad renovados de cosa continuamente creada y la humanidad sería una divinidad jamás cansada en una eternidad.

Pero mi espíritu incansable después de sueños  creados, no estará satisfecha y encontrará limitada los ilimitados infinitos, puesto que ellos ya son tallados y hechos y puesto que todo debe ser sometido a un mecanismo perfecto o imperfecto, y mi ambición será convertida en una máquina moviente, consciente o inconsciente que no es mi ambición, pero más bien una desilusión… y mi inteligencia hace cálculos todos los días pero cálculos sin números, son logaritmos de reflexión.—

Nahui Olín

Energía cósmica (Fragmento)

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