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Poesía, pa’ qué

¿Porqué escribir? Y sobre todo, ¿para qué? Para soportar El Mundo, para NO matar, para paliar el llanto reseco, por favor o ¿porqué no? Esto zumba y retumba en mi cabeza mientrasse prepara uno de los más grandes festines capitalistas: El Súper Bowl XLVI; la suerte tanto de “Patriotas” como de “Gigantes” me tiene sin cuidado. Quizá sea inmune a la artillería publicitaria, quizá sea que los packers quedaron fuera, quizá sea que me secuestra la Poesía, no la concepción tan harto sobada y multicitada de Bécquer, qué más sirve de ilustración que vera definición.

Poesía, Adolfo Bécquer

Poesía, Adolfo Bécquer (imagen tomada del blog de Manuel Ángel Vázquez Medel)

¿Sirve de algo? ¿Podría servir? Si es cierto que todo, en sociedad, como postuló Gabriel de Tarde, es imitación, ¿porqué aprender sólo los finales tristes, crueles?, porqué encasillar todos los buenos finales en el iníspido “Y vivieron felices para siempre” que mucho oculta y nada dice. Será, pues, posible pensar en Otro mundo como pensar en otras historias, quizá la forma de narrar, como propone Fran Ilich, quizá Otra forma de concebir la narración, Otra forma de idearla, quizá más Freire, más Boal, quizá sólo lo mismo usado para bien, para narrar la felicidad de la vida. Les comparto lo que dejó dicho/escrito el gran Enrique Lihn:

El arte, la literatura, lo escrito, refleja la sociedad en la que está inmerso, incluso, puede reproducir las condiciones, los tipos de relación dominante, pero también pone en evidencia que el emperador no tiene ropa… ¿Y qué más? Cómo incidir en la construcción de la realidad, asunto que los poeriodistas se adjudicaron en el siglo XIX y que ahora, en el XXI, las transacionales como Time Warner, News Corp y Disney, se quieren adueñar. ¿Será que  la poesía es un arma, como canta Serrat? Ojalá sí.

Quizá sólo estoy escribiendo necedades, lugares por los que muchos transitaron… quizá.

En fin, si ya llegaste hasta acá, te dejo un poema de Mario Santiago Papasquiaro, de mis favoritos; transmite bien el impulso que me lleva a uno a escribir, aunque no encuentre un para qué satisfactorio:

Devoción cherokee

Poesía atroz, te amo de siempre, Patees, silbes, muerdas o vueles

Bendita mía , pétalo santo, bendita mía, coño encharcado.

Mi yo eres tu, vamos al rastro,

Sangre de palpitos belleza alada

Rompes mis ancas me traes de un alba

Rompes mis ancas me traes de un alba

Sin otra opción hurgo en tus astros a gatas

Escribo, meo, cojo, me embriago, bailo con ratas.

Sin otra opción hurgo en tus astros a gatas

Escribo, meo, cojo, me embriago, bailo con ratas.

De un sol obtuso, vidrio de barda,

No me regreses plasma gandalla

En ti soy otro, pulso mis ganas, en ti soy otro, ¡afilo mis garras!

No hay muerte, no hay calma, contigo, oleajes, lunas, Saharas

El riel de un hueco, los colmillos de un puerco

El riel de un hueco, los colmillos de un puerco

Sin otra opción hurgo en tus astros a gatas

Escribo, meo, cojo, me embriago, bailo con ratas.

Sin otra opción hurgo en tus astros a gatas

Escribo, meo, cojo, me embriago, bailo con ratas.

Poesía atroz, te amo de siempre, patees, silbes, muerdas o vueles

Bendita mía , pétalo santo, bendita mía, coño encharcado.

Muevo el rostro, no escupo nada, mas te miro, soy tu delirio

Soy tu destello, eres mi hacha, soy tu destello, poesía atroz eres mi hacha

“Más alla de la poesía la rata ruge

locamente sin retorno

siempre el juego, el estado beligerante

flecha lanzada sin cesar

a contracorriente

flecha lanzada sin cesar

cara a cara de la muerte

más loca y más ansiosa

de cerca, de lejos, convulsivamente

y voz desgarradora”

Sin otra opción hurgo en tus astros a gatas

Escribo, meo, cojo, me embriago, bailo con ratas.

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Israel Miranda, un loco entrañable

Portada de Muro de silencio

Portada de Muro de silencio

Israel Miranda es músico, editor, diseñador, promotor cultural, fundador de la Editorial Start Pro, y responsable de la Colección Destos deme dos, todo un mil usos editorial-musical… Más que nada, mi amigo. Escribe poesía y cuento y le gusta el rock; es un ebrio discutidor. Su libro más reciente, Muro de silencio, es una de esas obras que agradan por su sabor personal, destilado de la entraña, con mayor exactitud:

Un pro-loco d’ aperitivo

Tempted in our minds

Tormented in silence

Wounded, I’m afraid inside my head

Falling through changes

Silence Portishead

Estaba un día el Jaime rascándose sus destos mientras le daba pa’ sus tunas a un texto bronco, necio y difícil de domar, quizá de esos que nunca se domestican del todo, cuando timbró el teléfono y después del consabido “¿Qué pex?”, del otro lado de la línea, la voz acelerada y pastosa del Isra lo asaltó:

—¿Qué onda, pinche ebrio? ¿Qué haces?

—Lo de siempre, carnal: haciendo como que escribo.

—¡Cháaale! Y yo que te iba a caer con unas chelas. ¿Cómo ves?

—Híjole, ora sí me agarras ocupado, carnal.

—No, pos’ no hay pedo… Me cai que yo no sé cómo le hacen ustedes para estar escribe y escribe, a mí me cuesta un huevo… Pero bueno, si te aburres vamos a estar en El río de la Plata… ¡Cáile! Al cabo que ya ni te vas a poder concentrar. ¡Jajaja!

Y después de unos minutos me di cuenta de que tenía razón, más tardé en colgar cuando ya estábamos charlando de nuevo: “De cualquier modo ya íbamos para allá”, dijo el Isra mientras reía antes de colgar por segunda vez. En aquella borrachera platicamos un poco sobre este libro, el mismo que tiene el lector en sus manos: un poemario bastante platicadito y que la hizo de emoción bastante tiempo antes de ver la tinta. Paradójicamente es uno de esos tomos que se esperan, que logran emocionar a quienes apoyan causas perdidas, como la poesía; 1 libro que causa expectativa. Ya pedos, decía, Isra confesaba que no le era fácil, no pocas veces había estado a punto de claudicar, un poco por el dolor de arrancarse de la entraña versos & sílabas; otro tanto por la felicidad de no exponerse al descuartizamiento… Como haya sido: Que pensaba retirarse de las letras, que le era demasiado doloroso, que no sabía si lo iba a acabar, que tan a gusto que estaba sin escarbarse el almario… Cuán grande fue mi sorpresa cuando en otra borrachera, me pidió prologar las sílabas que su tuétano había supurado. Pero, porque siempre hay algún pero, yo no sé bien cómo se debe prologar, así que mejor preparé 1 aperitivo textual en Pro D’ 1 músico que poetiza, en Pro D’ 1 poeta que musica… En Pro D’ 1 loco entrañable.

A Muro de silencio le da su carne una colección de poemas del mismo tipo de textos de los que me ocupaba al principio: salvajes versos blancos & broncos versos libres, a los que quizá no se debería tratar meter al aro jamás, a riesgo de sufrir las consecuencias: la soledad, el silencio cruel y paciente que le exprime jugo a la víscera; y a veces, como en Mala forma de morir, se vuelve literal. Antonin Artaud teorizó sobre el arte cruento, empapado en la sangre del creador, que refleja y ahonda en su dolor y su ternura, que se remoza en las emociones y se marina en los sentimientos del escritor, del puente, del medio; y ésta quizá sea una de las razones que Israel Miranda pudo tener para vender caro cada trozo de sus tejidos, y retrasar la conclusión de este poemario, de re-trazar el estruendoso ¡pongoch! final, luego de estrellarse en la sólida pared silente que ha construido, paradójicamente, con su lengua, con su tinta… Claro que es para pensar en no hacerlo más. Y si no, échele usted una leída a Valija de pretextos o al Mientras duermes.

Muro de silencio es el cuarto libro del Isra, su tercer poemario, y comparte con todos sus antecesores:

a) el Rock como forma de vida, la música como soundtrack, simplemente no se podría entender la obra del Isra sin la música, quizá no habría obra ni vida ni nada sin ella;

b) una honestidad profunda, rayana en el cinismo para retratar la crudeza del barrio, la brutalidad del lago de concreto y lo que le sacude la cabeza, el corazón; y

c) una actitud de echao pa’lante, de guapería galopante dirían más al Sur. Pero a diferencia de los libros anteriores, los textos de Muro de silencio me dejan, después de cada lectura, en mi cabeza, en mi corazón, un silencio multiforme, una expectativa contenida y que está siempre a punto de hacer erupción: potencia pura.

Y esta filia por el silencio tampoco es novedad, sólo encuentra su cauce propio y más ancho en este poemario; antes, ya se había insinuado al menos una vez: en El monstruo de arriba de la cama, el título del poema: Silence is easy, y en tres de sus versos, en el terceto que forma el final de la segunda estrofa del track 04 del b-side:

Haces que en verdad lamente

este apego enfermizo al silencio,

a mi contrición obsesiva.

Mucho se ha escrito acerca de que los poetas en nuestro país abusan del formalismo y que existe una fascinación por la métrica exacta… Si hablamos de Muro de silencio, es necesario, de inmediato, olvidarse de esas tonterías; la frase “la poesía se sangra, no se mide”, bien podría ser atribuida a Miranda. En éste su cuarto libro, existe un cuidado, un gusto, una evasión del Deber ser a favor del Ser, un rechazo al formalismo que desemboca en el mutismo: justo el polo opuesto al silencio, ese paraje de la preceptiva literaria que nadie ha podido asir del todo: el verso libre. Así que si el lector se pregunta por el metro, deje de hacerlo o lea El cristal de nuestros vasos. Pero si le preguntan al Isra, contestaría: que Luego de que se acaba la Línea 8, se debe enRumbar a bordo de un taxi “Sobre Eje 6 pasando Guelatao dos semáforos siete calles y luego cuatro hacia dentro”.

Israel Miranda

Israel Miranda en acción. Foto de Ketzalli Torres.

Por otro lado, uno siempre quiere ser parte de algo, de un pandilla, de la “banda”, quizá por eso Nunca crecimos. Hay muchas maneras de pertenecer a un clan, sobretodo si se trata de inscribirse en la tradición literaria y, casi todos los escritores acaban incluyéndose de un modo u otro en alguna corriente, aunque las maneras sean disparejas como los dedos de la mano. En el caso de Miranda, su trabajo como editor es elocuente en cuanto a la tribu de su pertenencia, pero es la coincidencia con los muertos lo que lo incluye en la tradición. Al respecto, no deja de ser simbólico que el poeta que nos ocupa comparta con el autor de Aullido de cisne, la admiración y el gusto por el ars poetica de un grande, el autor de El turno del aullante, Max Rojas. Y también, me parece gracioso que un personaje despreciable sea otro punto de coincidencia entre Israel Miranda y Mario Santiago Papasquiaro, el Wittgenstein en la solapa & los tenis por delante, de éste y Un famoso escritor, de aquél, son Espejos, un par de enérgicas protestas ante el status quo de la “cultura” oficial, y una mentada de madre a uno de sus clichés de televisor: el maricón blando y sabelotodo, con aura felina. Así, también, en su faceta de músico, sin las preocupaciones rockeras a flor de piel (¿o tal vez sí?), el Isra musicó A la fuga, del Papasquiaro, y aún hoy me parece una soberbia comunión… Y pues eso, y en la temática y en las ganas de ponerle en la madre al deber, y en la furia poética, y en la pata de perro, y en la peda… Ahí pues, coinciden ambos, y para cerrar la nombradía & pertenencia, citaré, por lo singular de la anécdota, las palabras de otro prologuista del Isra, Edgar Altamirano: “Mario Santiago Papasquiaro, no se equivocó, al pegarle a Israel con el bastón, en el Multiforo Alicia, lo desgració, lo bautizó, en un sitio emblemático, con su bastón mágico, lo descubrió como poeta, infra poeta”… Lo que valga para un incidente de ebriedad entre un par de necios, entre un par de poetas ni más ni menos.

Entonces este muro es de silencio, que no de mutismo, porque no pretende callar a nadie, al contrario, provoca, Lo-que-sea & A-quien-sea, tanto a los Buenos amigos como al Rockstar… Mutismo y Silencio tienden a confundirse y por eso, para finalizar este pro-loco, propongo una distinción entrambos fenómenos: el mutismo es la supresión de lo acústico, una resignación; el silencio es la posibilidad del acto, la expectativa. Mutismo es en lo que sumergieron a Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana al orillarla a dejar la escritura; silencio es lo que incubó dentro del maestro Max Rojas Un poema interminable. Mutismo de quien calla, silencio de quien escucha. El silencio abre, el mutismo cierra. En el mutismo se ha encerrado a los pueblos originarios, en cambio, al silencio aspiraron John Cage, luego de hartarse del parloteo de la música y Bertold Bretch luego de explorar hasta el sinsentido la palabra. El silencio es lo único que queda cuando se ha comprendido que, en el fondo, no hay nada por decir… El silencio lo es todo para este niño salvaje que no tiene miedo de caer.

Jaime Coello Manuell

En el día de la Candelaria del 2010.

 Acá les dejo un lectura del Isra, en compañía de Mónica Gameros, Mauricio R. Pacheco y Óscar Altamirano, ¡Salud!

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Mario Santiago Papasquiaro, nenúfar d’este lago pavimentado

Mario Santiago Papasquiaro fue la llama que encendió el movimiento infrarrealista: un grupo de talleristas, poetas nóveles, que se rebelaban ante el cordinador del taller: el poeta Juan Bañuelos, motivados por una diferencia radical en la propuesta estética y poética. Mario Santiago Papasquiaro es un poeta duro, de los que otras tradiciones llaman “poeta maldito”. No. Poeta Chilango, un hoyo negro de la poesía, la contraparte de Octavio Paz, decía él. Poesía en crudo, pa’ pachecos, pa’ puro loco, pa’los vivos. Acá su poema Poesía atroz, musicado por  Meza.

Mario Santiago Papasquiaro

Mario Santiago Papasquiaro

Luego vino la separación, el ostracismo de los poetas al bárbaro, al descastado en que se convirtió Mario Santiago Papasquiaro, su rudeza se extremó y las leyendas sobre él sólo se han multiplicado con el tiempo. Prueba de ésto es el personaje colectivo del real visceralismo y el de Ulises Lima: La novela Los detectives salvajes de Roberto Bolaño se convierte en un éxito y los infrarrealistas  cambian de piel por una mítica. Como es de esperarse, la realidad no satisface las necesidades de la ficción. La leyenda crece. El siguiente es un audiorreportaje que hizo Raúl Silva sobre Mario Santiago Papasquiaro, una delicia; el video es cortesía de otro poeta infrarrealista, mi amigo: Edgar Artaud.

Manuscrito de Mario Santiago Papasquiaro

Manuscrito de Mario Santiago Papasquiaro

Los 5 poemas transfugas los saqué de una revista “La Calandria de las Tolvañeras” editada por Mario Raúl Guzmán, que me regaló el Rafael Catana, después de un toquín en el Alicia, a principios del 2001, tres años después de su muerte. Lo primero que conocí de él fueron estos 5 poemas. Quisiera no saber lo que ahora sey recuperar el asombro de esa primera vez que leí estos poemas, para poderte explicar con exactitud lo diferente que serás después de que hayas leído estos poemas por primera vez. Pero puedo decirte con certeza que querrás saber más de Mario Santiago Papasquiaro y otros infrarrealistas. No te culpo. Yo también.

Rodrigo Solís

El texto anterior es el prólogo que elRot escribió para el libro de este poeta en la Tortillería Editorial (de hecho, hasta donde sé, es el único autor tortillero muerto); yo lo leí, me pareció sensata la advertencia y miren, escribí este post aunque elRot tuviera toda la razón… Pa’ los necios: en el video siguiente, Raúl Silva y Ricardo Castillo leen algunos poemas de Mario Santiago Papasquiaro, ¡Salúd!

CAMINO A TEOTITLÁN DEL CAMINO

PERO AÚN EN EL METRO SAN LÁZARO

Chueco de risa ((rebotando))

Oloroso / casi a punto

Con mi uñas de zancudo

exprimiéndole en lo más hondo su sinrazón al agua

Por los hornos de la lluvia me remojo

No retrato / no mastico / no interrumpo

el romance indio & denso de mis choclos

con los charcos

Salto en frío

Los infrarrealistas en la Casa del Lago, en Chapultepec.

Los infrarrealistas en la Casa del Lago, en Chapultepec.

Estas calles de mis fórceps:

estas idas y venidas de mis años desempleados

me vacilan / me rasuran

Ni 1 orgasmo me han ahogado

Sin aletas ni escafandra sobrevivo

& hasta escribo -entre los peces-

& he aprendido trompetillas

& a rascarme suspirando

No precisamente a ras del musgo

/ ni lejanamente sepultado /

Mario Santiago Papasquiaro

de Aullido de cisne

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