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Espartaco & los cimarrones

Cimarrón es el esclavo que se escapa del amo, el fugado. Fugémonos como Espartaco, el esclavo que puso a temblar Roma.

Espartaco de Jorge Fornes

Espartaco de Jorge Fornes

Espartaco, antes de que la República se convirtiera en Imperio, logró desafiar a Roma, casi gana su libertad… Casi. El amor filial a su amigo y colega Crixo, quien “había puesto su corazón en el pillaje”, y había sido aniquilado junto con sus 20 000 hombres por las fuerzas del Estado. Su muerte le hace regresar furioso para arrasar a una legión romana, triste momento de gloria final: hacer que el amo muera como esclavo. Al poco Espartaco fue derrotado y muertos no sólo todos sus hombres, sino las mujeres y los niños que formaban parte de su columna, como siempre sucede con los despojados, los desplazados y los pobres. La Tercera Guerra Servil, como se le conoce a la insurrección de gladiadores dirigida por Espartaco tuvo repercusiones profundas, luego de ella, la República devino Imperio…

La película de Stanley Kubrick es una adaptación de la novela de Howard Fast. Y aunque no ha sido su intención, ambas obras han reforzado la imagen del insurrecto. En pleno siglo XXI, el Imperio ha empañado la imagen del héroe, la distorsiona con tantas versiones y visiones… No hay manera de que nos lo arrebaten, su leyenda se ha convertido en mito, uno poderoso, penetrante… Un hacha de guerra.

Aquí una prueba estética de la plasticidad del mito Espartaco, encarnado en una coreografía del Ballet Bolshoi, con música de Aram Khachaturian:

Pd.- Y aún es un heroe sacrificado 😦

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La vacuidad

 

Pistachón ZigZag

En una mano: Clark Kent, Peter Parker, Pistachón ZigZag, Presunto culpable, las ciudades, la ilusión de la Libertad de presna, el monopolio que de la violencia “lícita” hace el Estado; y en la otra: V for Vendetta, Anonymus, WikiLeaks y Julián Assange, Quetzalcóatl y Thor… Resultado: La Vacuidad.

Imagino que hace muchos siglos, en los albores de la humanidad, el anonimato fue desconocido. Si eran pocos humanos, todos valían por ser ellos en singular, y no sólo por pertenecer a la especie. Luego, la civilización llegó. Nadie sabe muy bien cuándo (después de la agricultura, claro), ni cómo; a veces, Mesopotamia y sus ciudades son los primeros, otras ocasiones se informa que Catal Huyuk es anterior, otras más se le da la primogenitura a Creta… Pa’ pronto, hasta la Atlántida, Marte o el mismísimo paraíso terrenal.

La cosa es que luego de hacinarnos en ciudades, la opción de huir se convirtió en obsoleta, y ¿pelear?

Imágen de La Atlántida, tomada de esencia21.wordpress.com

Escapar de quien monopoliza el uso lícito de la violencia. Pero ¿huir a dónde? Pa’ dentro. La disolución de la importancia personal, el ocultamiento de la identidad se volvió una necesidad. Todos los humanos encerrados en ciudades, con una multitud de ojos atentos en cada uno.

¿Y qué tal que, como sucede en México, el poder se divierte jugando con un Presunto culpable? ¿Qué hacer cuando el “poderoso”  grita “Libertad de prensa” para callar a los incorformes? ¿Parecería obvia la decisión si en nuestra vida cotidiana existiera algún ideal? ¿Cómo cambiar las cosas, si nada tiene sentido? ¿Cambiar qué?

V for Vendetta

Los periodistas se han convertido en los nuevos héroes, antes, Aquiles o Thor, Quetzalcóatl o Shangó, ¿hoy? Quizá Clark Kent, Pistachón Zig Zag o Peter Parker, pues no son casualidad Julián Assange, ni Anonymous… ¿Quién si no los periodistas nos sacan del confort del anonimato? ¿A quién si no a los periodistas atrapa el fuego cruzado de la guerra en México? Si tan sólo no fueran los medios tan cercanos a las cúpulas, ¿cómo evitar que la crápula política corrompa al medio? ¿Cómo hacer incomprable algo, alguien? V for Vendetta de Alan Moore se antoja posible, casi inevitable… ¿Por favor?

¿Y todo para qué? Si el mundo se acabó cuando Europa sometió a los continentes para heredárselo al imperio gringo… Ésto es sólo pesadilla.

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